La cura para la corrupción es estar bien informado.

TRUMP, EL CONTRADICTORIO

Por. Víctor Luis González

Primero: En ningún momento Donald Trump ha expresado proyectos de medidas económicas que destruyan el modelo neoliberal y recuperen, a lo sumo, el Estado de Bienestar al estilo New Deal rooseveltiano. Su talante populista, no da para tanto. Sin embargo, mandó al diablo el Acuerdo Transpacífico, medida neoliberal a lo grande, que habría terminado de destruir los estados nacionales para convertirlos en especies de gerencias de supermercados, en una región que involucra a nuestro país.

Segundo: Pese a su discurso de inauguración y al discurso que en términos generales ha sostenido a lo largo de su campaña y presencia pública, al nuevo Presidente de EU no le interesa el pueblo trabajador ni sus derechos. Para nadie está oculto que privatizará la educación, destruirá toda posibilidad de establecer un sistema de salud universal, y comenzará muy pronto a atacar sindicatos que pretendan proteger los intereses de los trabajadores.

Tercero: Precisamente porque no hay visos de que quiera liquidar el modelo de acumulación salvaje, no tienen congruencia sus exigencias proteccionistas, ni mucho menos sus amenazas de aranceles a las mercaderías hechas en otros países por empresas norteamericanas. Tan pronto entidades productivas como la Ford deban trabajar en el interior de la Unión, enfrentarán salarios de más de doce dólares la hora, sindicatos reales que exigirán prestaciones, y trabajadores blancos, que se sentirán empoderados gracias a la representación de alguien quien, como sea, ellos pusieron en la presidencia.

Al mismo tiempo, Trump tendrá que enfrentar empresas que estarán preguntándose ¿por qué demonios el sistema en América y en otros continentes hizo todo lo necesario para congelar salarios, reformar códigos de trabajo y tener sobre las cuerdas a los trabajadores y que la mano de obra fuera casi regalada, si no se van a aprovechar esas condiciones y obtener el logro primordial del capital, la ganancia?

Y cuarto: las deportaciones masivas destruirán la economía de amplios sectores en los EU, cuando no la economía del país entero. El hipócrita Obama pudo comprobar que la deportación de casi tres millones de indocumentados no sólo no corrigió el desempleo dentro de la Unión, sino que paró a muchos trabajadores de pequeñas empresas que sobrevivían gracias a los magros salarios de trabajadores ilegales.

Los brazos de inmigrantes son como tener la fuerza laboral barata de países como México dentro de la Unión. La aparente preocupación de Trump por el pueblo trabajador norteamericano, de existir, no lo llevará a hacer nada eficaz contra sus problemas, porque él mismo no es un líder antisistémico que pelee por el cambio en su país de la mano de obreros, blancos, negros, inmigrantes, nativos americanos, profesionistas, hombres mujeres, artistas, científicos, campesinos. Los poderes dominantes en Estados Unidos son profundamente elitistas y el pueblo sólo representa una masa a la que denominan público, y han llegado a la barbaridad de llamar “asociados” a los empleados de los Wallmarts, con tal de no verlos como trabajadores con derechos.

El plumaje de Donald Trump es de estos poderes dominantes, y no hay una sola razón para creerlo diferente.

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