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TERCERA PARTE: ESTADO DE BIENESTAR Y LÓPEZ OBRADOR

 

Por:  Víctor Luis González

 

 

El llamado Estado de Bienestar, cuyos rasgos historiográficos se inician en los años treinta
del Siglo XX, ya dentro de la depresión económica norteamericana, con Roosevelt y su
Nuevo Trato, cuando la clase dominante estuvo dispuesta a compartir beneficios políticos y
económicos con las clases subalternas con tal de no permitirles mirar demasiado hacia la
Unión Soviética y su socialismo, se generalizó en gran parte del mundo a partir del término
de la Segunda Guerra y comenzó a desvanecerse a finales de los 1970.
Fue una invención del capitalismo para sobrevivir. Pero también para hacer tiempo y
fortalecerse, como se evidenció al llegar la década de los 80, cuando las naciones
hegemónicas decidieron que ya era suficiente, la plusvalía debía crecer y el dios del dinero
necesitaba de holocaustos. Y mientras más sangre hubiera, mejor.
En el caso de muchos países, México entre ellos, lo primero fue comenzar la reducción
de los gobiernos a simples gerencias inhabilitadas para no meterse demasiado en cuanto el
capital fuera capaz de hacer, así se tratara de la destrucción de pueblos enteros para dar
paso a proyectos mineros, hidrodinámicos y aeropuertos faraónicos. Se inició la
privatización de empresas gubernamentales, hechas con el erario y que servían como
instrumentos para repartir la riqueza con empleo y precios subsidiados, teléfonos,
ferrocarriles, aceros, energía, puertos, playas, territorios, agua, pensiones. También se
comenzó la privatización de derechos políticos, constitucionales, por los cuales murieron
miles, educación, salud, bienes culturales, derecho al trabajo, a la vivienda, a la diversión,
a la justicia imparcial. Enseguida, la ideología se dedicó a persuadir y convencer: las
reformas eran necesarias, la medicina podía ser amarga pero traería salud económica,
progreso, la entrada al club de los del Primer Mundo, los gobiernos son malos
administradores y además están gordos.
Si durante el Estado de Bienestar (y en el caso mexicano se deben mencionar los restos
de la gestión de Lázaro Cárdenas) los gobiernos habían propiciado políticas que llevaban a
la reproducción de oportunidades de educación, salud, trabajo, vivienda, e incluso de
movilidad social, el neoliberalismo o capitalismo salvaje, con su concentración de capital,
la privatización de los beneficios y la socialización de las pérdidas, procreó, en muy pocos

años, la proletarización y el empobrecimiento de las clases medias, la precariedad laboral,
falta de prestaciones, salarios más allá de la simple hambre de comida. ¡Ah! Pero para que
veamos que también lo bueno cuenta, menos de un uno por ciento de las poblaciones en
muchos lugares del mundo, acumulan ahora más de la mitad del producto interno bruto, es
decir, cuanto el trabajo produce en cada uno de los países.
¿Qué es lo que buscan, en materia económica (la base de donde surge la superestructura
ideológica y política de las naciones), luchadores sociales como Andrés Manuel López
Obrador? Por lo pronto, es evidente, la eliminación del modelo económico neoliberal
pero dentro de los dominios de su padre, el capitalismo, modo de producción al que
Obrador no da señales de querer destruir, aunque una gestión presidencial como la que
pretende podría llevar al inicio de su desmantelamiento progresivo, ya sabemos que a través
de muchos años de revolución continua.
No, nunca nos hemos engañado quienes estamos con él. López Obrador no busca
alcanzar una transición que lleve a una sociedad superior al capitalismo. No es un
socialista. A lo sumo, lo que pretende con su pelea partidaria es la conquista del poder
presidencial para desde allí estimular en México políticas y condiciones capaces de
empoderar a las mayorías y ellas mismas consigan equilibrar la lucha de clases. Que
mediante lo que podría llamarse un nuevo Estado de Bienestar seamos capaces,
trabajadores, amas de casa, intelectuales, estudiantes, campesinos, indígenas, para utilizar
un símil pugilístico, de salir de las cuerdas e, incluso, ser capaces de ganar la pelea.
Recordemos, como dice el mismo Obrador, que sólo el pueblo puede salvar al pueblo.

 

 

 

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