La cura para la corrupción es estar bien informado.

¡Que vibre su…!

Por Víctor Luis González

“Sentarse en el confort del pasado, más fácil que estar al ritmo de los tiempos”, dijo el rector de la UNAM (una institución siempre aliada a las mejores causas), Enrique Graue, y sólo le faltaba añadir, “por lo tanto, unámonos a los ganadores”.

     Por fortuna, no pasó a mayores, y los universitarios (pese a que hablar con algunos de ellos resulta una experiencia espeluznante ya que se muestran insolentemente orgullosos de ser de los cuantos que consiguieron un sitio en la UNAM, y se creen dueños de un destino por encima de los demás) al menos tuvieron el sentido común de no dejarse arrastrar a la marcha #Vibra México, convocada por la peor derecha de México, una que ha pugnado por la integración a EU, y obsecuente desde hace más de 30 años al consenso de Washington.

     Después de todo, quién con tres dedos de frente, y sin ser de los auténticamente privilegiados del sistema, permitiría se le engatusara con una convocatoria lanzada por Mexicanos Primero y toda una serie de organizaciones burguesas, incluyendo representantes de los aparatos ideológicos de Estado, las revistas Nexos, Letras Libres y Televisa, cuyos editorialistas principales, Enrique Krause, Aguilar Camín y otros fueron de hecho los primeros en proponer un acto de “unidad nacional” contra Trump, en uno de esos programas televisados cuyos objetivos son encaminar a las personas a pensar al contrario de sus intereses de clase.

     Ni qué decir de otros convocantes y participantes, entre ellos los partidos PRD y PAN, que animaron a sus bases a asistir. Pero, al parecer, al menos los perredistas tuvieron la misma vergüenza que los universitarios.

     Desde luego, lo políticamente correcto sería aprobar la actitud del pueblo raso que asistió a la marcha #Vibra México, pese a lo cursi del nombrecito y porque muchos de ellos no hallan la manera de canalizar la indignación y enojo que les llega del exterior. Sin embargo, y por desgracia, muchos de esos asistentes estuvieron allí exhibiendo su doble moral o convencidos de que no eran perjudicadores de terceros, como suelen acusar a los profesores de la CNTE, a los electricistas y a los muchos luchadores sociales que no son apoyados por Televisa y que salen a las calles “sin permiso”, a causar molestias y a renegar del gobierno, que, al fin y al cabo, hace lo que puede por tanta bad cosa que nos viene de fuera.

     Por cierto, el rector Graue, al mencionar “la comodidad del pasado”, se estaba refiriendo — ¡aunque lo niegue!— a la lucha del 68 y a la marcha —nada cómoda— que alguna vez en ese año encabezó el rector Javier Barros Sierra. Y si no, ¿a qué hizo referencia Graue? ¿A que las luchas sociales, para ser modernas, deben vestirse de blanco y limitar la protesta a una sola de las aberraciones (Trump) del sistema, y dejar en paz a Peña Nieto y a su cohorte de facinerosos?

     Ya es bastante con que los universitarios del neoliberalismo deban estudiar algunos de los elementos que les permitirían interpretar científicamente la realidad e incidir en ella para cambiarla —marxismo, teoría de la resistencia, etcétera— como simples contenidos de la historia de las ideas, sin las convicciones y pasión con que estudiaron lo mismo quienes vivieron la época de Castro, El Ché, Vietnam, el 68, para que hubieran terminado yendo a una marcha de juguete, en apoyo a los verdugos internos. Qué bueno que no lo hicieron.

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