La cura para la corrupción es estar bien informado.

POPULISMO, NEOLIBERALISMO, ESTADO DE BIENESTAR Y LÓPEZ OBRADOR SEGUNDA PARTE.

Por Víctor Luis Gonzálee

¿Qué es el neoliberalismo? Por lo pronto, podríamos decir que se trata de un concepto nada mencionado y definitivamente oculto en el discurso de las clases dominantes y de quienes capitanean los medios de comunicación masiva. Pero está en todas partes, con una presencia aún más elocuente que si se le mencionara y explicara a cada momento.

Además, ni modo que los ideólogos del sistema y los locutores de noticias se pongan a explicar a una población empobrecida y azorada que neoliberalismo es la marca del látigo con que se les azota cotidianamente.

Privatización de las ganancias y socialización de las pérdidas; la contemplación de personas y bienes como fuentes de riqueza por apropiarse (o despojar); acumulación de capital, inutilizado para la inversión productiva con fines de bien común al quedar en manos de una porción insignificante de individuos. Apropiación de recursos vitales, como el agua, con justificaciones tecnocráticas: el agua no es nada sin las bombas que la distribuyan, y éstas suelen ser medios de producción en manos de particulares. Todas estas son algunas de las características de este modelo económico.

El neoliberalismo —especie de fascismo financiero dominado por oligarquías nacionales y extranjeras— comenzó a licuarse a partir de la caída de la Unión Soviética y su supuesta representación del internacionalismo proletario. En Europa, el gobierno inglés, y en América, el gringo, terminaron por consolidar la noción burguesa y oligárquica de que la disminución de ganancias se debía a una participación demasiado participativa de los estados nacionales y sus regulaciones, así como del avance de las reivindicaciones del trabajo y los derechos sociales. Había que destruir lo conseguido por las clases subalternas, así se tratara de instituciones, las cuales, como decía la inglesa Margaret Thatcher, ninguna es tan fuerte que no pueda ser disuelta.

Aun la educación, las pensiones en régimen solidario, derechos humanos y políticos, empleo, alimentación, agua, eran susceptibles, según la visión neoliberal, de ser privatizadas. Aun el agua de lluvia podría ser embotellada, porque ya era hora de que alguien pagara por ella. Eran los comienzos de los años 80 del siglo pasado. Ahora, luego

de más de treinta años del modelito, son evidentes los daños en los países inscritos en él, hasta en los del llamado Primer Mundo: pobreza generalizada y miseria, empleo precario y abierto desempleo; despojo, carencia de oportunidades de todo tipo: educativas, de salud, de desarrollo humano. Narcotráfico, lavado de dinero, corrupción gubernamental. Cero movilidad social. Guerras de despojo y conquista llevadas a cabo por la potencia hegemónica, con la consecuencia de miles de muertes. Golpes de Estado, dictaduras, complicidades internacionales con la finalidad de explotar territorios y seres humanos.

Las listas son largas, y las condiciones parecen indestructibles. Pero no es así.

También podría gustarte
Comentarios
Cargando...