La cura para la corrupción es estar bien informado.

LOS MANCHADOS

Por. Víctor Luis Gonzáles

Indefinible a partir de las condiciones morales luego de seis sexenios en el más vil de los neo liberalismos en el mundo, al manchado es posible hallarlo en cualquier nivel y ámbito del suelo mexicano. Los hay simplemente gandayas y otros abiertamente sociopáticos, es decir, gente que se caracteriza, según Silvia Barbosa y H. Marchiori, por la incapacidad para comprender las normas y reglas sociales, y que muestra un patrón de desprecio y violación de los derechos de los demás.

Hasta hace un par de semanas, luego de una campaña presidencial en que muchos mostraron quiénes eran, creíamos que los Anaya, los Mead, los oligarcas del Consejo de Negocios, resultaban muestras significativas del manchismo a gran escala, y que quizás no habría muchos más ejemplos en la vida pública y el gobierno, hasta que apareció el presidente de la Suprema Corte de Justicia defendiendo sus emolumentos.

Muchos de nosotros, como seres de a pie, que apenas arañamos menos de unos cuantos salarios mínimos, nos hemos sorprendido y escandalizado con el monto de cuanto se lleva Luis María Aguilar Morales y bastantes otros, regularmente panistas, en instituciones y dependencias. Al parecer, Fox fue quien inició, para la burocracia dorada, la tradición del salario digno de súper privilegiados en un país de pobres, y lo financió con los excedentes petroleros de su sexenio, esos que bien pudieron haber servido para universidades, hospitales, becas, pensiones. Lo continuó Calderón, y otro manchado más, Peña Nieto, mediante la Secretaría de Hacienda, aumentó las percepciones de la burocracia Golden poco antes de los comicios de este año. Después de todo, llegar al top del gobierno ha sido tradicionalmente un negocio para unos cuantos, y con objetivos correspondientes a la lucha de clases. Resulta que las oligarquías en América Latina descubrieron que a los militares y a la burocracia alta se les compromete de manera más profunda en los intereses de la clase dominante si mediante el ingreso y la posesión se les crea la fantasía de ser también oligarcas.

Esto ha sido claro en Argentina, donde militares son dueños de líneas aéreas; y en Chile, donde la familia Pinochet es una de las más ricas. Al mismo tiempo, sus burocracias altas, a lo igual que las mexicanas, reciben lo suficiente de las transferencias de capital público, para vivir en grande. Se trata de instrumentos con que el sistema se defiende a sí mismo. Al mismo tiempo, podríamos hablar de sobornos vulgares y de compra de voluntades. Calderón, por ejemplo, fue quien consolidó los altísimos pagos a los jueces de la Suprema Corte de Justicia, mediante un supuesto pago por riesgo, subterfugio que aseguró de su parte a los magistrados, algo conveniente tratándose de un presidente espurio.

Con el Pacto por México, surgió un ejemplo más de la importancia del dinero entre la clase política. Es del dominio público que los partidos satélites del PRI recibieron cantidades ingentes, al grado de llevar a la cristalización algunas fortunas personales (imposible no pensar en Alejandra Barrales). Por aprobar las reformas, los diputados recibieron hasta un millón de pesos para sus chicles.

Como es posible observar en la realidad cotidiana de México, el manchismo no ha tenido límites, por lo que hemos de retomar el asunto en días posteriores.

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