La cura para la corrupción es estar bien informado.

LOCURA PRESIDENCIAL

Por Víctor Luis González

 

¿Por las características de sus conductas, podría decirse que los políticos mexicanos,
incluyendo el presidente de la república, padecen algún tipo de enfermedad mental?
Sí, padecen sociopatía, una anomalía conductual, también llamada enfermedad de la
moral, que suele expresarse, principalmente, por ausencia de empatía. Vamos, la otredad,
los seres humanos de los alrededores no sólo les tienen sin cuidado, sino que les son útiles
para múltiples objetivos relacionados con su narcisismo megalomaníaco y aun con afanes
de crueldad y divertimento sangriento.
Según estudios, la psicopatía y la sociopatía (ya hablaremos de las diferencias) se
desarrollan en algunos individuos (1 de cada 20, según autores norteamericanos) a partir de
adversidades durante la gestación, 50%, y condiciones negativas del medio ambiente, el
otro 50%. Son bien sabidas las situaciones medioambientales que propician el desarrollo
del comportamiento sociopático: violencia, abuso, carencias económicas. Al mismo tiempo,
la educación en la sociedad capitalista, y en particular bajo el neoliberalismo, tiende a la
construcción de modelos en que el individualismo, la llamada competitividad y la
destrucción del otro para la consecución de los fines egoístas vienen a ser paradigmas
conductuales. Y ay de quien no haga suyos ciertos “valores” o se incline a buscar maneras
de interpretarlos para observarlos críticamente. Las etiquetas de “ganadores” y
“perdedores”, después de más de 30 años de neoliberalismo, se han convertido en
denominaciones que en el fondo expresan la división entre quienes merecen vivir y obtener
lo mejor, así lo despojen a otros, y quienes deben ser excluidos, explotados, despojados y
vejados de formas distintas.
El trabajo de los diputados y senadores de ciertos partidos es, en general, el
establecimiento de leyes que dan instrumentos a una clase para actuar en contra de otra, a la
que pertenecen la mayoría de los ciudadanos. Es evidente que ninguno de esos diputados y
senadores piensa en el bien común, ni les preocupa (si no es que les divierte — recordemos
la señal de Roque Villanueva y la alegría de los diputados priistas cuando la aprobación de
la ley que militariza el país—.) el sufrimiento que puedan causar.
La recién aprobada Ley de Seguridad Interna, por ejemplo, está pensada para proteger a
un aparato gubernamental dispuesto a mantenerse en el poder, así deba recurrir a un fraude
electoral, que podría tener una respuesta inédita por parte de los gobernados. Y ninguno de
esos legisladores parece haberse detenido a pensar en la cantidad de sangre, sufrimiento y
muerte que puede provocar la militarización.
Por cierto, según los estudios, no siempre toooodos los miembros de una pandilla suelen
ser sociópatas. Pero, los líderes de las pandillas, siempre lo son. Pensemos en los díaz
ordas, echeverrías, salinas de gortari, ernestos cedillos y peñas nieto, los líderes de la
pandilla que desde hace mucho secuestró el gobierno mexicano para beneplácito de
tecnócratas y oligarcas. Si la característica más visible de los sociópatas es la evidente
frialdad e indiferencia ante la consumación de sus fechorías, ellos bien podrían ser
relevados de mostrar otras señales, aunque muchos de nosotros recordamos gran parte de
sus historias.
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