La cura para la corrupción es estar bien informado.

ENTRE LA ESPERANZA Y LO COTIDIANO

Por. Víctor Luis González

Según Oscar Wilde los seres humanos vivimos en medio de dos desgracias: no tener  lo deseado y conseguirlo. La mayor parte de los compañeros del partido triunfador este primero de julio han expresado que luego de una vida de pelear por causas perdidas, les cuesta reconocer y manejar el éxito. Sabemos lidiar con el fraude y el fracaso, con la persecución y el vituperio. Pero lo sucedido el primero es simplemente demasiado y a muchos estuvo a punto de indigestársenos. Recordé a un viejo amigo de adolescencia, que luego de años de morirse de hambre y al fin obtener un empleo y un salario, con lo de su aguinaldo se compró una pierna ahumada de cerdo y estuvo al borde de la muerte luego de la primera, real, cena de Navidad en su vida.

Lo mejor ha sido controlarse. Decirse: ¡Esto sí está pasando! ¡Esto sí está pasando! Tratar de no sentirse en un mundo paralelo, en el cual suelen ir bien las cosas, y quitarse el miedo de pasar, sin quererlo, al mundo de siempre, donde las cosas suelen ir mal. Lo mejor es aceptar que al menos una vez en la vida, sí es posible que exista tanta felicidad.

Personalmente, mi sensación es de alivio. Han sido treinta y tantos años de andar cargando el neoliberalismo. Para muchos, si no la mayoría, el modelito económico nos hizo cachitos la existencia, o, en el mejor de los casos, nos puso arriba un techo de cristal para evitar que subiéramos. Nos puso en nuestro lugar después de señalarnos nuestro origen de clase. Peor aún, unificó a la baja lo que somos como sociedad, y distribuyó la miseria con igualdad y sin discriminación.

Si hay algo que se ha hecho tangible con el triunfo electoral de López Obrador y el partido Morena, es la esperanza. Pero no esa clase de esperanza parecida a la interpretación quieta de los filósofos a quienes se refería Carlos Marx, sino a la esperanza que se parece a la transformación del mundo. Al fin hemos conseguido, como pueblo, poner en el poder a alguien que representará nuestros intereses de clase a partir del primero de diciembre. No, no creo que vayamos al socialismo, pero bastantes electores votamos para que al menos pudiéramos pelear en medio de un poco más de igualdad de circunstancias. Gobernar con el pueblo y para el pueblo es una frase para hacernos partícipes y los resultados de la lucha de clases no se queden en un solo lado.

Por lo pronto, la cotidianidad se resbala mejor; lo ocurrido el primero de julio abrió un hoyo de gusano que redujo el espacio-tiempo, y pronto estaremos en septiembre, y luego en diciembre. Y, después, vendrán problemas para los que al fin tendremos respuestas.

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