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El derrumbe de la URSS y del “campo socialista”: ¿Sinónimo de caída del marxismo? Completo (PARTE I)

Al Comandante Fidel Castro Ruz.

Por: Alberto Pérez Schoelly

 

 Marx no es el culpable

 

Diciembre de 2016. Han acaecido muchos sucesos históricos relevantes en el mundo, desde que estaba vivo Karl Marx hasta el día de hoy. Ese gigante del pensamiento humano no supo de la primera guerra mundial, de la revolución rusa, de la segunda guerra mundial, de la revolución china, y de la caída del muro de Berlín. Y de muchas otras cosas posteriores a su muerte, tampoco, como es obvio. A propósito de la caída del muro de Berlín, y de lo que muchos llaman “el campo socialista”, innumerables economistas, políticos, sociólogos, y analistas en general (tanto de izquierda como de derecha) han proclamado por todas partes que “el comunismo falló históricamente”. Por ende, el marxismo viene siendo una especie de “ideología del fracaso”, ya que fue la ideología que dio origen  al régimen la Unión Soviética, a los “países socialistas” y a otros que sobreviven, como Cuba, China y Corea del Norte. No sé si mis amables lectores leyeron alguna vez la obra “Marx in The Soho del historiador estadunidense Howard Zinn, que aquí en México se conoció con una genial puesta en escena llamada “¿Valdrá la pena hablar de Marx?”.

En dicha obra teatral, a Marx se le concede un tiempo reducido –lo que dura la obra- para regresar a la Tierra y replantear algunas cuestiones actuales, desde su óptica marxista, valga la redundancia. Regresa –gracias a Dios, obviamente- y se presenta ante el público hablando de su esposa, de sus hijos, de gran parte de su difícil vida personal, de sus estudios en el Museo Británico y analiza algunos aspectos del capitalismo hoy en día. Reaparece enterado –recordemos que es Karl Marx, no podría ser de otra manera- de todos los sucesos acaecidos en la historia del mundo desde su muerte en 1883 al día de hoy. No pretendo aquí repetir todos los argumentos de esa obra, ni entrar a ese grado de detalle, pero algunos de los temas ahí tratados ciertamente constituyeron una fuente de inspiración para este ensayo.

Podríamos decir, en consecuencia, que el señalamiento de que el marxismo fracasó se basa en dos cuestiones esenciales: por un lado, en la caída de la URSS y de sus países satélites europeos y eso, de facto, descalifica al marxismo como una ciencia porque lo que se tuvo como un ensayo de la “nueva sociedad” basada en las conclusiones marxistas, ha fracasado. Es decir, para plantearlo claramente, estos señalamientos conducen a esta afirmación: el marxismo no sirve porque las sociedades que se han establecido de acuerdo a su ideología, han fracasado terriblemente. Crear una sociedad socialista o comunista, como quiera llamársele, es una utopía. ¿Qué tan cierto es esto?

Hay que empezar por unos puntos básicos. Primero, hay que precisar lo que se entiende por marxismo. Si califico a Karl Marx como un gigante del pensamiento humano, como ya lo señalé, es porque hay fundamentos sólidos para ello. Su obra conforma un cuerpo conceptual amplísimo, que comprende filosofía, historia y economía. Dentro de la primera, Marx plantea como su método de análisis científico a la dialéctica materialista, o materialismo dialéctico. La dialéctica proveniente de Hegel, pero “poniéndola en sus pies” materialistas, basándose en el materialismo de Feuerbach. En cuanto a la historia, la aplicación de la dialéctica materialista al estudio de la misma, da como consecuencia el materialismo histórico. Y finalmente, los extensos estudios de Marx de los economistas clásicos y anteriores, de forma destacada a los fisiócratas, dan como resultado una “crítica de la economía política”, que se reduce al conocimiento de las leyes internas del desarrollo económico y social del capitalismo. [1]

No es posible sintetizar aquí en pocas palabras la grandeza de la obra de Karl Marx. Podrían en cambio escribirse varios libros sobre su obra –todavía más de los que ya existen- y aun así no hay mejor recomendación que leer las obras originales y estudiarlas a fondo. Lo que sí podemos hacer es precisar que los principales aspectos de la sociedad contemporánea, las leyes básicas del movimiento del sistema capitalista, continúan siendo válidas. El capitalismo actual está más cerca del modelo ‘abstracto’ de El Capital que del capitalismo concreto’ de 1867, cuando Marx terminó de corregir las pruebas del libro primero. En primer lugar porque la clase intermediaria de los pequeños productores independientes, propietarios de sus propios medios de producción, que todavía era una capa social significativa hace un siglo, ha desaparecido casi por completo; los que perciben salarios y trabajan en relación de dependencia, obligados a vender su fuerza de trabajo, ascienden hoy al 80% de la población económicamente activa en la mayoría de los países occidentales y en algunos sobrepasan el 90%. Segundo, porque la concentración y centralización del capital ha llevado a una situación donde no sólo un par de cientos de corporaciones gigantes dominan la economía de cada país imperialista sino algunos cientos de corporaciones multinacionales concentran también en sus manos un tercio de toda la riqueza de la economía capitalista mundial. Tercero, porque la productividad y la socialización objetiva del trabajo han aumentado a tal grado que la producción de valor para el enriquecimiento privado se ha vuelto mucho más absurda de lo que Marx previó hace un siglo y el mundo clama tan compulsivamente por una planificación prudente de los recursos con el fin de satisfacer las necesidades con base en prioridades elegidas consciente y democráticamente que hasta los oponentes del socialismo no pueden dejar de entender el mensaje” [2]

Marx descubrió las leyes internas del movimiento del sistema capitalista, y pudo prever así su desarrollo. Sin embargo, en ninguna parte de su enorme legado se pueden encontrar recetas o manuales para construir la nueva sociedad socialista que sucedería al capitalismo. Antes de analizar las causas del derrumbe del “campo socialista”, es conveniente hacer un recuento histórico de lo que aconteció en la Unión Soviética, que fue la primera experiencia de un gobierno socialista. La Revolución de Octubre, que diera origen a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) fue la primera revolución proletaria triunfante dirigida por un partido comunista, en el mes de octubre de 1917. La única otra experiencia semejante de la historia, si bien fallida, había sido la Comuna de París de 1871, muy analizada por Marx y Engels, pero que había sido dirigida por anarquistas y proudhonistas, adversarios políticos de Marx.

En un importante fragmento del prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política de 1859, Karl Marx da la definición básica del materialismo histórico: “En la producción social de su existencia, los hombres establecen determinadas relaciones, necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a un determinado estadio evolutivo de sus fuerzas productivas materiales. La totalidad de esas relaciones de producción constituye la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la cual se alza su edificio (Uberbau) jurídico y político, y a la cual corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material determina (bedingen) el proceso social, político e intelectual de la vida en general. No es la conciencia de los hombres lo que determina su ser, sino, por el contrario, es su existencia social lo que determina su conciencia[3]

Por tanto, el primer paso para comprender cualquier formación social, incluida una sociedad “post capitalista” (como lo fue la URSS y el campo socialista), es empezar por hacer un análisis de las relaciones de producción que en ella predominan y que la determinan. La diferencia decisiva entre uno de los modos de producción históricamente progresistas, y las sociedades en transición, reside en el grado diferente de estabilidad o consolidación, estructural de las relaciones de producción existentes. Esto es válido tanto para la sociedad de transición entre el capitalismo y el socialismo como para la época de transición entre el régimen esclavista y el feudalismo (los siglos IV a VII en Europa occidental y meridional) o para la sociedad de transición entre el feudalismo y el capitalismo (siglos XV a XVII en Holanda, la ciudades del norte de Italia e Inglaterra). Todos estos son casos de sistemas sociales todavía no completamente establecidos en los que la vuelta al antiguo sistema sigue siendo tan posible como el avance hacia el nuevo, y donde aún no está asegurada económicamente la victoria del nuevo y más elevado modo de producción. Sólo está, dijéramos, afianzado política y socialmente.

Las primeras grandes revoluciones burguesas de los siglos XVI y XVII quebraron el poder de clase político y social de la nobleza feudal, que era el obstáculo principal para la aparición y el crecimiento del capitalismo. Sin embargo, no aseguraron el ejercicio directo del poder por la burguesía. Menos aún aseguraron la afirmación final y definitiva del modo de producción capitalista como el predominante. Eso sólo ocurrió hasta que la revolución industrial desarrolló todas sus potencialidades.

EL poder de la nobleza feudal podría haber evitado la victoria del modo de producción capitalista. Pero, para asegurar el establecimiento final del modo de producción capitalista, era necesario pero no suficiente aplastar ese poder de clase. La razón para esto es que las relaciones de producción predominantes en este periodo de transición NO eran las del capitalismo (es decir, las relaciones de capital y trabajo asalariado en el proceso de producción) ni las del feudalismo (trabajo servil, renta feudal, gremios), sino la de la producción mercantil simple, como una transición del feudalismo al capitalismo. De la misma manera, el análisis del problema de la sociedad de transición entre el capitalismo y el socialismo debe realizarse de la misma forma. El hundimiento de la sociedad de clase burguesa (y del Estado burgués)  y el establecimiento del poder popular, crea sólo la posibilidad de construir una sociedad socialista en una primera fase y comunista después. Pero, y esto es muy importante: no lo asegura automáticamente. La conciencia desempeña un papel predominante en la revolución socialista y en el proceso de construcción de un orden social socialista, cosa que no sucedió en el  desarrollo de cualquier otro modo de producción anterior.

Además, el gran problema que tenemos, desde el punto de vista del análisis marxista, es que todas las sociedades post capitalistas, de transición entre el capitalismo y el socialismo, que han existido hasta ahora, se han caracterizado por la relativa inmadurez de sus relaciones de producción. Sería como querer descubrir las leyes del desarrollo capitalista (que Marx descubrió estudiando a la economía inglesa del siglo XIX) en la Holanda en el siglo XV, que mencioné como ejemplo más arriba. Esto es, el análisis de Marx solamente pudo tener validez, por poner un ejemplo, hasta que se extendió a la práctica la abstracción de la forma concreta del trabajo, de este modo desarrolló dentro de la teoría económica una teoría “pura” del valor trabajo. [4]

En conclusión, solamente hasta que contemos con la experiencia concreta de una sociedad de transición madura entre el capitalismo y el socialismo, será posible elaborar una teoría socioeconómica “pura” de dicha sociedad. Lo que se ha dado en llamar el “campo socialista”, desde la URSS pasando por la antigua Yugoslavia hasta China, Cuba o Corea del Norte, han sido sociedades en transición en condiciones de subdesarrollo económico y social (con un grado insuficiente de las fuerzas productivas), que en consecuencia han mostrado de diversas maneras formas graves o extremas de deformación y degeneración burocráticas. Por lo tanto es posible, si no que seguro, que aquellos que hoy parecen rasgos “generales” de esta sociedad en transición, sean en realidad peculiaridades que tienen que ver menos con la lógica interna de dicha sociedad que con las condiciones de subdesarrollo económico y social.

Es un terrible error designar a esos países como “socialistas” o aún peor, como “comunistas”, así como no se le podría catalogar a la Holanda del siglo XV como “capitalista”. En el caso de la URSS y los países de Europa oriental, se restauró el capitalismo a partir de 1989 como consecuencia de sus contradicciones internas, de la deslegitimación de sus gobiernos  y el desgaste de su modelo de desarrollo burocrático y autoritario. La restauración capitalista en la Unión Soviética no sólo había sido prevista por León Trotsky, sino que luchó hasta su muerte para que eso no sucediera: (…)  mientras más largo sea el tiempo que la URSS permanezca rodeada por un medio capitalista, más profunda será la degeneración de los tejidos sociales. Un aislamiento indefinido provocaría infaliblemente, no el establecimiento de un comunismo nacional, sino la restauración del capitalismo[5]

Marx, en su artículo Crítica al Programa de Gotha”, también es muy preciso: De lo que aquí se trata no es de una sociedad comunista que se ha desarrollado sobre su propia base, sino de una que acaba de salir precisamente de la sociedad capitalista y que, por tanto, presenta todavía en todos sus aspectos, en el económico, en el moral y en el intelectual, el sello de la vieja sociedad de cuya entraña procede”. [6]

Así pues, con las bases antes expuestas analicemos ahora la experiencia histórica de  la URSS hasta su desaparición, puesto que con este desenlace, los politólogos, economistas y sociólogos de derecha de todo el mundo, se llenan la boca exclamando: “el comunismo es nefasto”, el “comunismo es inviable” y, los más benévolos, dicen que es una “utopía”. Y, obviamente, -señalan-  el marxismo es el autor intelectual de esa tragedia que costó millones de vidas.

[1] En este tema, es importante la lectura del texto clásico de V.I. Lenin, “Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo”, que explica esto de forma detallada. Lenin, V.I. Obras Escogidas en tres tomos. Tomo 1, Pp. 61-65. Editorial Progreso, Moscú, 1966.

[2] Mandel, Ernest. “El Capital. Cien años de controversias en torno a la obra del Karl Marx”. Editorial Siglo XXI, México, 1985.Pág. 81.

[3] Marx, Karl, “Contribución a la Crítica de la Economía Política”.  Editorial Siglo XXI Editores, México, 2005. Pp. 4-5.

[4] Marx, Karl. “Introducción General a la Crítica de la Economía Política (1857)”, en “Contribución a la Crítica de la Economía Política”, pp. 287-288 y 304-305. Editorial Siglo XXI, México 2005.

[5] Trotsky, León. “La Revolución Traicionada”. Editorial Índice Rojo, México 1963. Pág. 246.

[6] Marx-Engels. Obras Escogidas, tomo 3, pp. 13-14. Editorial Progreso, Moscú, 1974.


WW2 memorial in Kiev Ukraine, chronicling the struggle of the soviet army and the civilian population during WWII
WW2 memorial in Kiev Ukraine, chronicling the struggle of the soviet army and the civilian population during WWII

El derrumbe de la URSS y del “campo socialista”: ¿Sinónimo de caída del marxismo? (PARTE II)

Por: Alberto Pérez Schoelly

La primera revolución socialista también tuvo su Termidor.

La tarde del 26 de octubre de 1917, Lenin empezó su discurso ante del Congreso de los Soviets con estas famosas palabras: Pasamos ahora a la edificación del orden socialista”. Por primera vez en la historia, unos hombres, los bolcheviques rusos, se fijaban como objetivo práctico hacer salir a la humanidad de su “prehistoria”, y conducirla “del reino de la necesidad al de la libertad”. Frente a esta gigantesca tarea, nacida de la victoria de la insurrección, tenían que forjar ellos solos los nuevos instrumentos de lucha. Nunca nadie antes, ni Marx, ni Engels o algún otro teórico marxista, había precisado jamás cuál sería el contenido de la sociedad socialista, ya sea en general o en un país dado. La Comuna de París había sido, y así lo señaló Engels, el modelo de la “dictadura del proletariado”. Sin embargo, el camino y los medios de la “edificación del orden socialista”, quedaban por descubrirse. La revolucionaria polaco-alemana Rosa Luxemburgo escribió con una gran penetración analítica lo siguiente: Lejos de ser una suma de prescripciones totalmente acabadas, que sólo bastaría con aplicarlas, la realización práctica del socialismo como sistema económico, social y jurídico, es algo que entra en las nieblas del futuro. Lo que poseemos en nuestro programa son solamente algunos grandes postes indicadores que señalan la dirección en la que las medidas a tomar deben ser buscadas, indicaciones, por otra parte, de un carácter todo negativo (…) Esto no es un defecto, sino por el contrario la ventaja del socialismo científico sobre el socialismo utópico; el sistema social socialista sólo debe y puede ser un producto histórico, nacido de la escuela misma de la experiencia, en el momento de las realizaciones, de la marcha de la historia viva, la cual, del mismo modo que la naturaleza orgánica de la que en última instancia forma parte, tiene la costumbre de producir, continuamente junto a una real necesidad social el medio para satisfacerla, junto al problema su solución.” [1]

La primera revolución socialista triunfante de la historia lo había hecho en un país atrasado económica, social y culturalmente. Marx y Engels, en todas las referencias mínimas que hacían a la construcción de la nueva sociedad, partían de la base de que ésta se realizaría en un país europeo, donde ya estaban dadas las condiciones para ello, con un gran desarrollo de las fuerzas productivas y de riqueza social, con una clase obrera organizada y con los medios para tomar el poder. No lo avizoraban en un país como en la lejana y feudal Rusia de los Zares. Para ellos era algo impensable. Pero, como dicen, la cuerda se rompe por lo más delgado. Y en ese momento la atrasada Rusia era la parte más delgada de la cuerda del capitalismo mundial. Tenemos que comprender, además,  que la Revolución de Octubre fue históricamente necesaria porque el mundo había estado maduro” para la revolución socialista desde la culminación de la época imperialista y porque la prolongación de la dominación de las clases dominantes en Rusia habría significado la continuación de su integración en el sistema imperialista internacional. Sin embargo, las fuerzas productivas en Rusia no estaban suficientemente desarrolladas en el nivel nacional como para posibilitar el desarrollo de una sociedad constructora del socialismo.

En su libro La Ideología Alemana, Marx y Engels señalaban: Para nosotros, el comunismo no es un estado que debe implantarse, un ideal al que haya que sujetarse la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera al estado de cosas actual (…) presupone, a través de la competencia, el mercado mundial. Por tanto, el proletariado sólo puede existir en un plano histórico-mundial, lo mismo que el comunismo, su acción, sólo puede llegar a cobrar realidad como existencia histórico-universal. [2]

La primera guerra mundial había causado grandes estragos en los países europeos, y Rusia había llevado la peor parte, siendo el país más atrasado de toda Europa. La revolución socialista rusa la hicieron los obreros, los campesinos y también los soldados, que regresaban del frente de guerra derrotados, y con hambre. En esas condiciones, Lenin y los dirigentes revolucionarios rusos, tenían ante sí la tarea que nunca nadie había intentado realizar.  Las condiciones no eran las mejores. Además de su atraso, Rusia estaba colapsada económicamente y la hambruna amenazaba con extenderse por todo el país. Los “rusos blancos” y otros grupos contrarrevolucionarios y zaristas, empiezan a recibir apoyo de países europeos para derrocar al recién nacido gobierno bolchevique. Los sabotajes, los asesinatos y los ataques a la de por sí casi destruida infraestructura económica y de comunicaciones, se empiezan a volver cosa corriente.

En 1918, el gobierno soviético designa a León Trotsky su Comisario de Guerra. Bajo su mando, se reorganizan y se reagrupan a las antiguas tropas zaristas con los nuevos destacamentos de obreros, campesinos y soldados revolucionarios, que sumaban si acaso 35 mil combatientes. Trotsky fue el principal organizador de un ejército (el Ejército Rojo), que en un año agrupó a poco más de 5 millones de soldados y en medio año liberó un millón de kilómetros cuadrados de territorio. Esta cruenta guerra civil terminó en el otoño de 1920, dejando grandes secuelas de destrucción y hambre, dando origen a una estricta política económica conocida como comunismo de guerra”, que respondía a la necesidad de orientar toda la vida económica hacia el abastecimiento y el armamento del Ejército Rojo y de los trabajadores de las ciudades. La distribución por parte del Estado de los recursos y productos, la supresión del mercado, la igualación de las condiciones de vida en una situación de extrema penuria, no constituían la realización de un programa comunista, sino una trágica caricatura del mismo.

Lenin elaboró entonces en 1921 las líneas principales de lo que se conocería como la “Nueva Política Económica” (NPE), con lo que se trataba de impulsar el comercio de los productos del campo, el surgimiento de pequeñas empresas y hacer una retirada estratégica para recuperar una economía mercantil sin renunciar a los grandes objetivos socialistas. Este repliegue táctico lo expresa claramente Lenin en el X Congreso del PC (b) en marzo de 1921: En un país así la revolución socialista sólo puede alcanzar el éxito definitivo con dos condiciones. En primer término, a condición de que sea apoyada a su debido tiempo por la revolución socialista en uno o en varios países adelantados. Como sabéis, al objeto de que se dé esta condición hemos hecho muchos más esfuerzos que antes, pero no son suficientes ni mucho menos para que esto llegue a convertirse en realidad. La otra condición es el acuerdo entre el proletariado, que mantiene en sus manos el poder del Estado, y la mayoría de la población campesina.[3]  Lenin tenía muy claro que, sin una futura revolución socialista en uno o varios países capitalistas avanzados, la revolución soviética peligraba.

Lo que vino después confirmaría los peores presagios de Lenin.  Una vez que la NPE empezó a generar un florecimiento de la economía agrícola y se regularizó el suministro de productos del campo a las ciudades, se tuvo entonces, como era lógico, el surgimiento de los “nepmen” [4] y de los empresarios agrícolas, lo cual ya había sido previsto en ese X Congreso del PC (b). Hubo una recuperación vigorosa de las fuerzas productivas Sin embargo, ese estímulo se manifestó de manera extremadamente diferenciada. En el campo, benefició esencialmente a los campesinos más acomodados (los kulaks), que disponían de la tierra y de los medios necesarios para un aumento de las cosechas. Los niveles del periodo de preguerra pudieron ser fácilmente alcanzados. En la industria, este proceso fue más lento. Además se caracterizó por un crecimiento más rápido de la industria ligera que de la industria pesada y por un dinamismo menor de la industria del Estado que del pequeño artesanado y de la industria privada. Lenin, el máximo dirigente de la Revolución de Octubre, muere el 21 de enero de 1924. A raíz de su muerte, muchas cosas se precipitaron en la Unión Soviética. Tras su primer ataque cerebral, que le alejó casi definitivamente de la vida del Partido, el ascenso y la consolidación de los hombres ligados al Secretario General del Partido -José Stalin-, progresan a pasos agigantados. El intento de Lenin de formar un bloque con Trotsky para desplazar a Stalin y atajar los avances de la burocratización en el Partido se trunca con su muerte.

Lenin escribió en diciembre de 1922 una Carta al Congreso, donde muestra sus certeras preocupaciones por el curso que llevaba la dirección del gobierno y del Partido. Dicha carta incluía dos notas fechadas el 25 de diciembre y el 4 de enero de 1923, las cuales fueron, siguiendo su  voluntad expresa, guardadas por su esposa N. Krupskaia hasta después de su muerte. Serían remitidas al CC el 18 de mayo de 1924, pocos días antes de que abriera sus sesiones el XIII Congreso del Partido.

En su parte medular Lenin escribió en esas notas: El camarada Stalin, convertido en secretario general, ha concentrado en sus manos un poder ilimitado, y no estoy seguro de que siempre sepa utilizarlo con la suficiente prudencia. Por otra parte, el camarada Trotsky, como ya lo demostró en su lucha contra el Comité Central en el problema del Comisariado del Pueblo para las Vías de Comunicación, no se destaca sólo por sus capacidades eminentes. Personalmente tal vez sea el hombre más capaz del actual CC (…) Stalin es demasiado grosero, y este defecto, perfectamente tolerable en nuestro medio y en las relaciones entre nosotros los comunistas, se torna intolerable en las funciones de secretario general. Por lo tanto, propongo a los camaradas que reflexionen sobre el modo de desplazar a Stalin de ese cargo y de nombrar a otra persona que tenga sobre el camarada Stalin una sola ventaja: la de ser más tolerante, más leal, más cortés y más atento para con los camaradas, de un humor menos caprichoso, etc.” [5]. Saque el lector sus propias conclusiones de lo que quería lograr Lenin con sus propuestas al Partido. La diferencia en el trato hacia uno y otro personaje es evidente. No obstante, tanto el CC como los principales delegados al Congreso, echaron en saco roto las recomendaciones de Lenin acerca del relevo de Stalin. Para una detallada exposición de este periodo, así como de las fuentes documentales, ver: Deutscher, Isaac. Trotsky, el Profeta Desarmado”. Ediciones Era, México. 1968. Pp. 80-157.

Sobrevino entonces en la Unión Soviética un periodo de reacomodos burocráticos tanto en el Partido como en el gobierno que fueron favoreciendo gradualmente a Stalin. El país se encontraba en un dilema: se tenía que proceder a industrializar al mismo tiempo que se satisficieran las necesidades de los campesinos, sujetos ahora a la explotación por los propietarios agrícolas (kulaks)  enriquecidos con la NPE. Dentro del Partido se empiezan a debatir los caminos a seguir, dándose lo que se ha dado en llamar “El Gran Debate”, en una primera fase de los años 1924 a 1926 y la última de los años 1926 a 1936. Trataré de hacer una apretada síntesis de los temas principales de este debate. El inicio de este debate se dará sobre el ritmo que debía llevar la industrialización de la URSS y las relaciones que el gobierno soviético debía establecer con el campesinado. De aquí las discusiones llegarían a definir dos concepciones de cómo construir el socialismo en la Unión Soviética. Sin embargo, el tono y la forma en que se llevarán las discusiones, en que se tratará a los opositores de Stalin y en que se calificará a los enemigos de un aparato partidario y gubernamental burocratizado, no tendrán ningún parecido con lo que habían sido la polémicas vivas y fructíferas del partido bolchevique hasta antes de la desaparición física de Lenin. La coacción, la amenaza, el chantaje, la manipulación e incluso la violencia, se convierten en elementos que jugarán a partir de 1923 un papel en todos los debates que tendrán lugar en el Partido.

La nueva oposición comienza a gestarse a principios de 1923, ya que el triunvirato que se había formado por Stalin-Zinoviev-Kamenev no había querido tomar en consideración los planes de industrialización y de planificación centralizada que proponía Trotsky para superar lo que éste llamaba las crisis de las “tijeras”, consistente en el abismo que se abría cada vez más entre los precios de los productos agrícolas y los precios de los bienes industriales. El 15 de octubre del mismo año, se publica la Carta de los 46, entre cuyos firmantes figuran Preobrazhensky, Alski, Serebriakov, Antonov-Ovseenko, Smirnov, Piatakov, y otros viejos bolcheviques. La Carta no es sino una plataforma de lucha por la restauración de la democracia interna.  Aunque Trotsky no firma la Carta, se solidariza políticamente con ella y la incluye en su folleto, aparecido más tarde bajo el título de Lecciones de Octubre”. [6]Este folleto agudiza el debate y multiplica las acusaciones de Zinoviev, Kamenev y Stalin contra Trotsky y el “trotskismo” recién inventado.

El debate sobre la industrialización también transcurre con otros protagonistas, Bujarin y Preobrazhensky, reconocidos como los economistas más brillantes del Partido, y cuyas tesis se oponen frontalmente. El primero propugna el estímulo al desarrollo capitalista de la agricultura, y en consecuencia, pospone el impulso de la industria pesada y la necesaria planificación hasta un futuro indeterminado. El avance hacia el socialismo, decía, irá a “paso de tortuga”. Eugen Preobrazhensky, por el contrario, se convertirá en el mayor defensor teórico de la industrialización y la planificación. En su obra La Nueva Economía”, una de las más elevadas aportaciones teóricas a la comprensión de la transición hacia el socialismo y de los problemas económicos que plantea, defiende la intervención estatal mediante un plan centralizado para fomentar el progreso de la industria, plasmándose así la acción consciente de la clase obrera, utilizando a su favor lo que él denomina la “ley de la acumulación socialista primitiva”. [7]

Es a esta segunda óptica a la que se vincula la Oposición de Izquierda soviética: en toda la medida en que la suerte de la Revolución está estrechamente unida al proletariado industrial, lo está, por tanto, al desarrollo de la industria. En un país carente de otros recursos, como era Rusia en esos momentos, sólo el campesinado puede aportar los medios para este desarrollo. Lo que Preobrazhensky llama “acumulación socialista primitiva”, se reduce a una sistemática transferencia del excedente agrícola a la industria estatizada mediante la planificación centralizada y democrática.[8]

Deutscher señala que la industrialización, por supuesto, no era un fin en sí misma; era parte de la ‘lucha por el socialismo con que está vinculado inseparablemente en todo el futuro de nuestra civilización’. Una vez más, en contraste con el Stalin de años posteriores, Trotsky insistió en que, mientras se luchaba por alcanzar al Occidente, la URSS no debía de tratar de aislarse de éste. Él había sido un vigoroso defensor del monopolio del comercio exterior y el creador de la idea del ‘proteccionismo socialista´; pero la finalidad de ese proteccionismo, sostenía, no era aislar la industria socialista, sino, por el contrario, permitirle establecer vínculos estrechos y múltiples con la economía mundial. Cierto era que el mercado mundialharía presión sobre la economía socialista de Rusia y la sometería a pruebas severas y hasta peligrosas. Pero estas pruebas no podían evitarse; era preciso encararlas con audacia.

Los peligros a los que Rusia estaba expuesta en virtud del contacto con la economía capitalista más avanzada serían compensados por las ventajas decisivas que se derivarían de la división internacional del trabajo y de la asimilación de la tecnología superior delOccidente. Aislado, el desarrollo económico de Rusia sufriría deformaciones y retrasos. Al razonar así, Trotsky entraba nuevamente en conflicto implícito con el pensamiento económico oficial, que ya se iba fijando en concepciones de autosuficiencia nacional: el socialismo en un solo país presuponía una economía soviética cerrada. Trotsky razonó en efecto contra las premisas esenciales de la doctrina de Stalin aún antes de que se iniciara la controversia sobre ésta”. [9]

El XIV Congreso del Partido culmina con la victoria total del bloque Stalin-Bujarin y el desmembramiento de la Oposición de Kamenev-Zinoviev. La teoría del “socialismo en un solo país”, que servirá de justificación a lo que será la práctica estalinista durante años, queda definitivamente consagrada a lo largo del llamado Gran Debate y es consecuencia indudable del aislamiento de la Unión Soviética y del fracaso de la revolución mundial. Stalin, para sellar su victoria política en el XIV Congreso, escribe su folleto Cuestiones del Leninismo” que si bien iba dirigido contra las posiciones de Zinoviev en el Congreso, constituye la primera fundamentación “teórica” del socialismo en un solo país.[10]

¿Qué pasaba en la clase obrera rusa, la clase que había dirigido la Revolución, mientras tenía lugar el Gran Debate y todos estos re acomodos en la dirigencia del Partido y del gobierno? Es indudable que había un enorme reflujo en la actividad política de la clase obrera rusa. Esto era resultado de la miseria económica así como de su debilidad tanto numérica como social, del fracaso de la revolución internacional y, mientras más tiempo pasaba, iba habiendo un desgaste creciente de la energía militante y la tentación de vivir una vida tranquila tan pronto como las condiciones materiales lo permitieran (gracias a la NPE). Pero esto no fue un desarrollo lineal, predeterminado de forma fatalista y que tuviera que conducir por fuerza a la dictadura estalinista que vendría después. Las etapas decisivas a lo largo de este camino tienen que ser reconocidas y hay que sacar las conclusiones correctas por el bien de la acción política así como para tener claridad teórica al respecto.

No era tampoco inevitable un reflujo de largo plazo de la esperada revolución internacional y el creciente escepticismo de los trabajadores rusos y de su vanguardia acerca de las oportunidades para diseminar la revolución en otros países. Tal y como Trotsky y sus compañeros de la Oposición de Izquierda lo avizoraban, iban a emerger nuevas posibilidades de triunfos revolucionarios tanto en el este como en el oeste. Esto levantaría –pensaban ellos- los ánimos de los trabajadores y se elevarían los niveles de compromiso y entusiasmo revolucionarios entre la vanguardia de los trabajadores soviéticos. Los eventos posteriores les darían la razón: Alemania 1923, China 1925-27, España 1936. Por lo tanto, la lucha por dotar con una estrategia y táctica correctas a los partidos comunistas del resto del mundo, y la promoción de una adecuada intervención rusa en la Internacional Comunista (Comintern) que ayudara a la revolución y no que la obstaculizara, jugaría un papel crucial también en la lucha contra la burocratización del Estado Soviético.

La errática y errónea política de la Comintern en todos esos eventos revolucionarios ya mencionados fuera de Rusia, y que en última instancia fue determinada por los intereses gubernamentales del Estado soviético, contribuyó a que todas esas luchas revolucionarias se convirtieran en una cadena de dolorosas derrotas. La proclamación de Stalin de la teoría del “socialismo en un solo país”, esto es, la pretensión de construir una sociedad socialista dentro de las fronteras nacionales, y que significaba un rompimiento total con la tradición marxista así como con la herencia de Lenin, fue una expresión casi perfecta de las necesidades psicológico-ideológicas del aparato burocrático soviético.

La Oposición recordaba entonces al Termidor de la revolución francesa, ya que los termidorianos habían sido los “sepultureros” del jacobinismo, los cuales no se habían propuesto destruir al jacobinismo y poner fin a la Primera República, sino que lo habían hecho involuntariamente a causa de la fatiga y la confusión. Del mismo modo –decían- los termidorianos soviéticos, sin saber lo que estaban haciendo, podrían llegar a lo mismo. El bolchevique se sentía enajenado de su propia obra: la revolución. Su propio Estado y su propio Partido se elevaban sobre él. Parecían tener una mente y una voluntad propias, casi ajenas a las suyas y ante las cuales él tenía que inclinarse. El Estado y el Partido se le aparecían como fuerzas ciegas, convulsivas, cuya conducta era imposible predecir (…) nada era menos ‘transparente’ que el sistema unipartidista unos cuantos años más tarde. La sociedad en general había perdido toda transparencia. Ninguna clase social estaba en libertad de expresar su voluntad. La voluntad de cualquier clase era, por consiguiente, desconocida”. [11]

La victoria del Termidor soviético fue una derrota terrible para la clase trabajadora, pero no se trató en su momento de una derrota decisiva y final. Las derrotas sufridas por la revolución mundial en los años veinte y treinta también fueron derrotas terribles mas no definitivas. El Termidor que sucedió al poder de los jacobinos en Francia de ninguna manera restauró los residuos semifeudales suprimidos por la gran revolución francesa. En la URSS, por desgracia, el Termidor soviético condujo a la liquidación de las conquistas de octubre y al regreso del capitalismo.

[1] Luxemburgo, Rosa. “La Revolución Rusa”. Ed. La Rosa Blindada, Buenos Aires, pág. 63.

[2] Marx. K. y Engels, F., La Ideología Alemana, Ediciones Pueblos Unidos, Buenos Aires, Argentina, 1973. Pág.38.

[3] Lenin, V.I.  Op. Cit. Tomo 3, pág. 585.

[4] Así se les llamaba a los intermediarios agrícolas y nuevos empresarios surgidos al amparo de la NPE.

[5] Lenin, V.I “Contra la burocracia. Diario de las Secretarias de Lenin”. Ediciones de Pasado y Presente, Córdoba, Argentina, 1980. Pp. 97-102. (subrayado mío)

[6] Este texto de Trotsky se encuentra en: León Trotsky, Nicolai Bujarin, Grigori Zinoviev. “El Gran Debate (1924-1926). I. LA REVOLUCION PERMANENTE. Ediciones de Pasado y Presente, Córdoba, Argentina, 1974. Pp. 25-88.

[7] Preobrazhensky, E. “La Nueva Economía”. Ediciones Era, México 1976. Pp. 93-98.

[8] Cf. Trotsky, Preobrazhenski, Joffe et al. “La Oposición de Izquierda en la URSS”. Editorial Fontamara, Barcelona, 1977.

[9] Deutscher, Isaac, Op. Cit., pág. 201.

[10] Cf. José Stalin, Grigori Zinoviev, “El Gran Debate (1924-1936). II. EL SOCIALISMO EN UN SOLO PAIS. Ediciones de Pasado y Presente, Córdoba, Argentina, 1977.

[11] Deutscher, Isaac. Op. Cit., pág. 291.


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El derrumbe de la URSS y del “campo socialista”: ¿Sinónimo de caída del marxismo?  (PARTE III)

Al Comandante Fidel Castro Ruz.

Alberto Pérez Schoelly

Desarrollo y desplome

Sin  embargo, a pesar de todas sus deficiencias y crímenes, la economía planificada de la Unión Soviética logró enormes avances en lo que fue, históricamente hablando, un avance asombroso en un pequeñísimo periodo de tiempo. La economía planificada y nacionalizada de la URSS dio pruebas de una extraordinaria vitalidad por décadas. Esa transformación no tiene parangón en los anales de la historia humana. La Revolución de Octubre abolió radicalmente la propiedad privada de los medios de producción. Por primera vez en la historia, se demostró la viabilidad de la economía planificada nacionalizada, no solamente en la teoría sino en la práctica. En más de una sexta parte de la superficie terrestre, en un gigantesco experimento sin precedentes, se probó que es posible una sociedad sin capitalistas, terratenientes y sin prestamistas. La viabilidad de este nuevo sistema productivo fue puesto bajo una severa prueba en 1941-45, cuando la Unión Soviética fue invadida por la Alemania nazi, que contaba con todos los recursos de Europa a su disposición. Con todo y la pérdida de 27 millones de vidas, la URSS venció a Hitler, y después de 1945 se dispuso a reconstruir su maltrecha economía en un increíblemente corto espacio de tiempo, transformándose en la segunda potencia mundial. De ser un país atrasado, feudal, iletrado, en 1917, la URSS se convirtió en una economía moderna, desarrollada, con la cuarta parte de los científicos del mundo, con sistemas educativo y de salud igual o superior a los de occidente, capaz de lanzar el primer satélite artificial y de colocar al primer hombre en órbita alrededor del planeta.

Tan asombrosos avances, en un país que surgió de un nivel de atraso comparable al de Pakistán hoy en día, nos deben de dar una pausa para reflexionar. Uno puede simpatizar con los ideales de la revolución bolchevique o no, pero una transformación económica y social de esa envergadura, en tan poco tiempo, demanda la atención de la gente pensante de cualquier parte del mundo. En un periodo de 50 años, la URSS incrementó su Producto Nacional Bruto en más de nueve veces. [1] A pesar de la terrible destrucción que sufrió en la Segunda Guerra Mundial, incrementó su PNB cinco veces de 1945 a 1979. En 1950, el PNB de la URSS era solamente el 33% del de EUA. Para 1979, ya era del 58%. A fines de los años 70, la Unión Soviética ya era un formidable poder industrial, que en términos absolutos ya lideraba al resto del mundo en una serie completa de sectores clave. La URSS era el segundo productor industrial después de EUA y era el más grande productor de petróleo, acero, cemento, asbestos, tractores y muchas máquinas herramienta. El programa espacial soviético era la envidia del mundo.

Todo esto, además, había sido logrado sin desempleo, que era desconocido en la Unión Soviética. Más aún, para una gran parte del periodo de la postguerra, hubo poca o nula inflación. Esto era particularmente cierto en cuanto a los precios de los bienes básicos de consumo. Antes de la perestroika, la última vez que la carne y los productos lácteos habían tenido un incremento fue en 1962: veinte años antes. La URSS tenía un presupuesto balanceado y hasta un pequeño superávit cada año. Es interesante hacer notar que ningún gobierno occidental ha logrado esto (como lo prueban las condiciones Maastricht de la Eurozona), así como tampoco han podido lograr el pleno empleo o cero inflación, ambas condiciones que existieron en la Unión Soviética. Los críticos burgueses y pro capitalistas de la Unión Soviética se guardan muy bien de comentar esto, porque se muestran las posibilidades de una sociedad en transición, no digamos del socialismo.

En la “Ideología Alemana”, Marx y Engels explicaban que:

“…este desarrollo de las fuerzas productivas (que entraña ya, al mismo tiempo, una existencia empírica dada en un plano histórico-universal, y no en la vida puramente local de los hombres) constituye también una premisa práctica absolutamente necesaria, porque sin ella sólo se generaría la escasez, y por lo tanto, con la pobreza, comenzaría de nuevo, a la par, la lucha por lo indispensable y se recaería necesariamente en toda la inmundicia anterior…” [2]

Con la frase “en toda la inmundicia anterior”, Marx y Engels tenían en mente la desigualdad, la explotación, la opresión, la corrupción, la burocracia, el Estado y todos los demás males endémicos de la sociedad de clases. Hoy en día, después de la caída del estalinismo (no del socialismo ni comunismo) tratan de mostrar que las ideas del marxismo no pueden ser puestas en práctica. Pasan por alto que la Rusia era un país extremadamente atrasado en 1917. Lenin y los bolcheviques, que conocían bastante bien los escritos de Marx, tenían muy en claro que las condiciones materiales para el socialismo estaban ausentes en Rusia.

Es así que después de la Revolución de Octubre, la economía planificada nacionalizada obtuvo tasas de crecimiento sin precedentes: 20% cada año durante el Primer Plan Quinquenal, y del 10% después de 1945. En la década de los 60, estas tasas de crecimiento empezaron a bajar. Entre 1965 y 1970, la tasa de crecimiento era de 5.4%. En el siguiente periodo de siete años, entre 1971 y 1978, la tasa promedio de crecimiento fue de solo 3.7 por ciento. [3]

En otras palabras, la tasa de crecimiento de la Unión Soviética ya no era más alta que la que tenían los principales países capitalistas. Como resultado, la participación soviética en la producción total mundial cayó ligeramente, de un 12.5 % en 1960 a 12.3% en 1979. En el mismo periodo, Japón incrementó su participación de 4.7% a 9.2%.  A partir de ahí, la tasa de crecimiento de la URSS continuaría decayendo. Para el final del periodo de Brezhnev (el “periodo de estancamiento”, bautizado así por Gorbachov), éste se redujo a cero. ¿Qué explicación podemos dar a esto? Una economía planificada nacionalizada requiere de democracia como el cuerpo humano requiere oxígeno. Sin el control democrático y administrativo de la clase obrera, un régimen de economía planificada nacionalizada inevitablemente se verá detenido en determinado momento, especialmente en una economía moderna, sofisticada y compleja. Este hecho se refleja gráficamente en la caída de la tasa de crecimiento de la Unión Soviética desde el inicio de la década de los años 70, después de los éxitos sin precedentes de la economía planificada en el periodo anterior.

La poderosa economía que había sido desarrollada, ya no podía seguir siendo impulsada por la burocracia gobernante. Toda la economía se detuvo. De ser un lastre relativo, la burocracia se volvió un lastre absoluto para el desarrollo de la sociedad. De esta manera, el gobierno de la burocracia estaba condenado. Llegada esta etapa, el rol progresista que había jugado en el pasado, dejó de existir. [4] Como cualquier otra clase social o casta gobernante de la historia, la burocracia usó al Estado para defender su poder y privilegios. Todos los elementos de democracia obrera fueron suprimidos sin misericordia alguna y reemplazados por una repugnante dictadura totalitaria. Al final, la burocracia voraz y ambiciosa minó desde adentro a la economía planificada, regresándola al capitalismo. Hoy en día, los que fueron alguna vez líderes del PCUS, que hablaban maravillas del “socialismo” y del “comunismo”, cantan alabanzas a la economía de mercado. Y tienen sus poderosas razones para hacerlo, dado que muchos de ellos mismos se convirtieron en los dueños de grandes monopolios privados.

Efectivamente, muchos de los grandes capitalistas que hay ahora en Rusia, fueron miembros de la vieja nomenklatura, son sujetos que no hace mucho traían su credencial del Partido en la bolsa y hablaban en nombre del “socialismo”. De hecho, ellos no tenían nada que ver con el socialismo, con el comunismo o con la clase trabajadora. Formaban parte de una casta gobernante parasitaria, que vivía una vida de lujos a espaldas de los trabajadores soviéticos. Ahora, con el mismo cinismo que siempre los ha caracterizado, abiertamente se han volcado al capitalismo. Pero esta transformación milagrosa no ha sido fácil. Tienen la necesidad de justificar su “apostasía” lanzando maldiciones a lo que apenas ayer eran creyentes. Con esto tratan de aventar polvo a los ojos de las masas al mismo tiempo que salvan sus propias conciencias –algo que es muy improbable que tengan- porque aun el peor criminal trata de encontrar justificación a sus actos.

Con todo, los críticos burgueses y capitalistas del marxismo no quieren difundir que el movimiento en dirección a la economía de mercado capitalista en la ex Unión Soviética y en los países de Europa oriental, lejos de haber mejorado su situación, han causado un enorme desastre económico y social. Es cierto que las fuerzas productivas se estancaron durante Brezhnev, pero cuando la economía fue privatizada cayó en al menos un 60%.

La conclusión es clara: todo lo que sucedió bajo el régimen de Stalin y de sus sucesores, no fue el producto fatal de las necesidades de una “acumulación socialista primitiva”, sino el producto de una toma de decisiones determinadas de estrategia de desarrollo económico y social, que fueron decisiones “erróneas” desde el punto de vista de los intereses de la clase trabajadora soviética y de los intereses de un desarrollo óptimo de la economía soviética, pero decisiones que correspondieron muy claramente a los intereses específicos de una casta social determinada: la gobernante burocracia soviética. De este modo, la URSS hizo implosión por estas contradicciones internas y la presión del mercado mundial capitalista, y el retraso de la revolución socialista en países avanzados.


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El derrumbe de la URSS y del “campo socialista”: ¿Sinónimo de caída del marxismo? (PARTE IV)

Al Comandante Fidel Castro Ruz.

Alberto Pérez Schoelly

Conclusiones.

1.-  El marxismo nunca consideró que una revolución socialista en un país atrasado permitiera la construcción del socialismo. La misma “inmundicia capitalista”, decía Marx, va a reproducirse una y otra vez, dada la pobreza y escasez. Sin embargo, estas revoluciones han tenido lugar en países como Rusia, China, Cuba, y otros países económicamente atrasados, lo cual ha planteado problemas adicionales a la construcción del socialismo en sí.  El socialismo no puede construirse dentro de las fronteras de un país, ni siquiera dentro de las fronteras de un grupo de países. EL socialismo y el comunismo solamente se pueden construir a escala internacional. La globalización actual del mundo hace esto todavía más evidente de lo que era en la época de Marx.

Sin la participación de los países capitalistas avanzados en el proceso de la construcción del socialismo, esto no es, ni será, posible. Las bases materiales del socialismo solamente se encuentran en las economías capitalistas avanzadas. El socialismo presupone abundancia de bienes materiales, no su racionamiento o escasez. Solamente hasta que eso sea posible, podrá realizarse un análisis completo de una sociedad “madura” de transición del capitalismo al socialismo.

2.- En estas sociedades post capitalistas, o sociedades en transición, en las cuales se ha abolido la propiedad privada de los medios de producción, el valor de cambio subsiste y no puede ser eliminado de una sola vez. Subsisten relaciones mercantiles y monetarias, con lo que coexisten relaciones de producción no capitalistas y formas de reparto capitalistas. En lugar de establecerse una “economía dirigida por productores asociados”, como indicaba el marxismo, se ha creado un sistema de capitalismo de Estado sui generis, producto de las condiciones en que se encontraba la URSS. Con deformaciones burocráticas de diferente gravedad en estas sociedades post capitalistas, se mantiene latente su posible retorno al capitalismo, siguiendo el ejemplo de la URSS.

2.- Estas sociedades post capitalistas, con sus respectivas diferencias, han tenido elementos comunes, derivados todos ellos de su inter relación, en diferentes momentos de su historia, con la Unión Soviética. Sin el apoyo que este último país brindó a sus revoluciones triunfantes en momentos clave, es difícil que estas sociedades post capitalistas hubieran sobrevivido. Constituyen pues, un legado viviente de la primera revolución socialista triunfante de la Historia. Pero así como le deben su sobrevivencia, heredaron de la Unión Soviética lo esencial del su sistema post capitalista.

Un análisis de la historia de la URSS nos indica que existe un conflicto entre dos lógicas económicas antagónicas en esta sociedad. Por un lado, se tiene la lógica de la economía planificada y por otro la lógica del mercado capitalista. Eso hace que tenga unas relaciones de producción que son una combinación híbrida de la economía planificada que es esencialmente socialista y por otro lado la producción de mercancías que surgen de las relaciones mercantiles y monetarias que subsisten en ellas.

3.- Las sociedades post capitalistas viven en una contradicción dialéctica, que fluye de la contradictoria naturaleza de una sociedad que ha roto con el pasado pero que todavía no posee el nivel necesario de desarrollo material, tecnológico y cultural que les permita transitar a lo que Engels llamó el “reino de la libertad”. Es inevitable que algunas categorías económicas heredadas del capitalismo permanecen en estas sociedades. Algunas leyes de la economía de mercado pueden ser abrogadas, pero otras deberán permanecer, aunque en una forma modificada.

4.- La construcción del socialismo es  también un proceso que debe hacerse de una forma consciente, y no dirigida por las ciegas fuerzas económicas, como sucedió antes en la historia, como en la transición al feudalismo o al capitalismo. Aquí la labor de las fuerzas dirigentes y revolucionarias de los trabajadores es de la mayor importancia. En nuestra posición, el comunismo es un fenómeno de conciencia y no solamente un fenómeno de producción; y que no se puede llegar al comunismo por la simple acumulación mecánica de cantidades de productos puestos a disposición del pueblo (…) Eso que está definido por Marx como el comunismo y lo que se aspira en general como comunismo, a eso no se puede llegar si el hombre no es consciente. Es decir, si no tiene una conciencia nueva frente a la sociedad; entonces nosotros tratamos de darle esa conciencia nueva frente a la sociedad; separarnos lo más posible de los estímulos materiales (…)” [1]

5.- Es urgente rescatar la herencia verdadera del marxismo, y separarlo de lo que la gran prensa occidental y muchos teóricos burgueses y pro capitalistas han estado haciendo desde el derrumbe de la URSS: ligarlo con términos como “dictadura”, “totalitarismo” y “utopía”. El marxismo nunca sugirió siquiera que los medios de producción deberían ser propiedad del Estado, una vez abolida la propiedad privada de éstos. Esta modalidad se debió, como ya analizamos, a las particularidades del desarrollo histórico de la atrasada Rusia como sociedad post capitalista. La identificación que se hace de URSS y socialismo, o comunismo, forma parte también de la enajenación promovida desde los centros imperiales para ocultar la verdad. Es una “confusión deliberada”, para que el marxismo sea también identificado con la URSS y señalar así su inviabilidad.

Por el contrario, hay que difundir que el socialismo a escala internacional se basará en la inmensa productividad de los productores asociados, coordinados en una planificación centralizada democrática no burocratizada, que establezca prioridades de inversión hacia los países menos desarrollados. El socialismo a escala internacional supondrá la extensión de todas las libertades democráticas y no su supresión. Este socialismo internacional incluirá también las respuestas a la crisis medio ambiental que amenaza hoy en día la existencia misma de la humanidad. Hoy más que nunca es verdadera la consigna de Rosa Luxemburgo: Socialismo o Barbarie.

5.- El derrumbe de la Unión Soviética y de los llamados “países socialistas” constituyó sin duda una gran tragedia para los intereses de la clase trabajadora mundial. Ha sido un gran retroceso, lo cual no nos debe impedir ver que, en términos de largos periodos históricos, es un estancamiento momentáneo en el proceso de la revolución mundial. Las luchas de liberación en países de América Latina, de Asia y África, así como la lucha de los trabajadores de los países de Europa, infunden un gran optimismo para pensar que el reflujo contrarrevolucionario que ya lleva décadas, está por terminar.

En las recientes campañas presidenciales en Estados Unidos, observamos el fenómeno que constituyó la campaña de Bernie Sanders, así como el hecho de que millones de jóvenes en Estados Unidos no tienen ahora miedo a la palabra “socialismo” en Estados Unidos y están dispuestos a luchar por él, lo cual nos debe de llenar de esperanza.

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