La cura para la corrupción es estar bien informado.

Carácter del futuro gobierno de AMLO

Por Alberto Pérez Schoelly

 

Para muchos de nosotros, gente de izquierda, el triunfo de MORENA y de Andrés Manuel abre perspectivas muy interesantes. En los momentos actuales, hablar de este tema y de las perspectivas reales, a veces resulta altamente peligroso. Por un lado, los conservadores, hoy llamados cariñosamente en las redes sociales como “derechairos” o amlofóbicos, simplemente, sienten cosas raras cuando oyen palabras como “marxismo”, “socialismo”, “comunismo” y términos afines. Muchos han llegado al extremo de decir que, con el triunfo de MORENA este pasado 1º. de julio, “se inició el socialismo en México”. A mí me gustaría mucho saber qué es lo que entienden por socialismo. Para algunos de ellos, el sexenio de Echeverría fue “socialista”. Así que imagínense. Para otros, nos encaminamos a un régimen parecido a Venezuela, que se ha dado en llamar el “Socialismo Siglo XXI”. Pero veamos las cosas con un poco de mayor detenimiento.

Después de casi tres décadas perdidas para el desarrollo y de la tremenda regresión observada en los niveles de bienestar social, el horizonte parece bastante sombrío. Dados los resultados objetivos del modelo neoliberal, la disyuntiva de los mexicanos parece residir en si nos resignamos a este modelo económico como una realidad inamovible o si hacemos un esfuerzo serio, realista, para escapar de esta realidad. Sin duda, lo primero que necesitamos es reconstruir conscientemente la esperanza, el anhelo y la fe en la posibilidad de un México mejor. Utilizando los márgenes de maniobra que México tiene dentro de las duras realidades del entorno económico y político internacional, así como en función de nuestras propias realidades nacionales (cargadas de restricciones y de obstáculos estructurales, pero también de potencialidades), es factible construir e instrumentar una nueva estrategia económica capaz de afrontar exitosamente los grandes retos de un desarrollo sostenido con equidad, es decir, un sistema de políticas públicas realmente consistentes con este objetivo, estos es, congruentes entre sí, viables dentro de las actuales realidades nacionales e internacionales y –preferentemente- validadas por su aplicación en economías exitosas.

No se trata, por consiguiente, de construir utopías, sino de escapar de la distopía neoliberal, es decir, del sueño irrealizable de un país próspero, equitativo y estable mediante el libre accionar de la “mano invisible del mercado” y el reinado sin cortapisas del capital. Tampoco se trata de regresar a estrategias económicas del pasado (el desarrollo estabilizador, por ejemplo), ya agotadas y colapsadas. Se trata de construir el futuro con los pies firmemente asentados en las realidades del presente, en las enseñanzas del pasado y en las experiencias internacionales contemporáneas de desarrollos económicos exitosos.

El camino por el que vamos a transitar (y que hemos escogido 30 millones de votantes) se llama el gobierno de AMLO y de MORENA, para salir de este laberinto neoliberal.

MORENA, hay que decirlo,  es un “frente amplio”, donde caben muchas corrientes de pensamiento. No tenemos un pensamiento único para salir del desastre neoliberal. Para los que hemos militado en organizaciones de izquierda desde hace 45 años, el triunfo de MORENA y de Andrés Manuel, como dije al principio, abre unas perspectivas interesantísimas. Nosotros sabemos que la lucha de clases no se circunscribe a la lucha electoral o de partidos. También sabemos que la lucha de clases y la revolución encuentran sus propios caminos. El viejo topo nunca descansa.

Morena no puede ser considerada, desde ningún punto de vista, como una “organización política burguesa”, como algunos compañeros de “extrema izquierda” nos califican.  Tampoco, a decir, verdad, como una organización “clasista y proletaria”. Una caracterización más precisa de Morena sería como “organización pluriclasista”, porque Morena está formada por trabajadores manuales e intelectuales, campesinos, maestros, empresarios, estudiantes, empleados, profesionistas independientes, amas de casa y desempleados. Eso somos los integrantes de Morena. Nuestro programa político contenido en nuestros documentos básicos, son ampliamente conocidos dentro y fuera de Morena. ¿Este programa es proletario, socialista y revolucionario? Nadie afirma que lo sea. Al interior de Morena, al ser una organización pluriclasista, caben todas las ideologías (excepto las derechistas, las fascistas o las provenientes de la mafia del poder de México), aunque hay que hacer una precisión general: que sí nos consideramos una organización de IZQUIERDA. Y esto es así porque nuestro objetivo primario, que es tomar el poder para lograr transformar al país, implica llegar para legislar y modificar las instituciones para que sirvan a las grandes mayorías, al pueblo trabajador. Es lograr que el pueblo sea el que gobierne, no que una casta de políticos gobierne en su nombre. Es lograr que “el pueblo organizado salve a la nación”, en otras palabras, creemos que la emancipación de los trabajadores solo puede ser obra de los trabajadores mismos.

¿Cómo podemos interpretar el triunfo avasallador de MORENA el pasado 1º de julio? Si bien nuestro partido-movimiento no puede ser descrito como “anticapitalista”, hay que entender un punto importante: decir que el gobierno de AMLO se define por su lucha contra el neoliberalismo, es también partir de esta definición: el neoliberalismo es la forma particular que el capitalismo actual ha adoptado en México.

El proyecto de nación que hemos adoptado tendrá dos ejes principales en el gobierno de AMLO: el combate a la corrupción y la ampliación de los programas sociales. La puesta en práctica de este proyecto, y la generalización de un mayor bienestar, permitirá que a los 3 años de gobierno, podemos prever que se harán cambios estructurales de mayor calado que se tendrían que ver reflejados en cambios constitucionales, seguramente con una nueva Constitución de la República, la Constitución de la Cuarta República.

Un análisis exhaustivo podría partir de los alcances que esta transformación, tendrá para México. Para los que nos formamos en el estudio del materialismo dialéctico, sabemos que en los países atrasados, neocoloniales, o bien en su término moderno, “emergentes”, como México, la oligarquía nacional no puede acometer las tareas democráticas. Esto solamente lo puede hacer el pueblo en el poder. La llegada al gobierno (que no es lo mismo que llegar al poder) por AMLO y Morena, es solamente el primer paso para llegar a ello. Una vez iniciado este proceso, la revolución de las conciencias y la revolución social se mezclan y se unifican, y el desarrollo de las tareas democráticas lleva en sí mismo al planteamiento de otras tareas, dirigidas a la construcción y planificación de una nueva sociedad. Aquí en este punto la correlación de fuerzas es muy importante.  Nuestra voluntad de transformar este país se ha vuelto más reflexionada, más madura, más visionaria. Pero sobre todo, con un mayor sentido de urgencia que nunca. Las bases de Morena están mucho más a la izquierda que sus dirigentes y que sus documentos básicos, eso lo hemos podido constatar más de una vez. Es un hecho.

De tal modo, y con esto concluyo, creo que el gobierno del compañero Presidente Andrés Manuel abre las compuertas para que los trabajadores de este país se empoderen como no lo habían estado desde el gobierno de Lázaro Cárdenas. Sus propias movilizaciones, autónomas y en defensa de sus propios intereses, se intensificarán. El proceso de democratización del gobierno de AMLO ayudará a estos movimientos. EL nivel de consciencia de los trabajadores del campo y la ciudad, también se verá incrementado, de eso algunos de nosotros nos encargaremos (cabe recordar que la Formación Política es otra estrategia que MORENA impulsará en todo el país). Veremos muchos movimientos sociales autogestivos y autónomos, lo cual será muy bienvenido.

No debemos olvidar nunca que “CON EL PARTIDO AL GOBIERNO, CON EL PUEBLO AL PODER”.  Me preocupa mucho que nuestro partido-movimiento se burocratice o que entre en un proceso de degeneración parecido al del PRD. Que pasemos de un régimen de “PRI-Gobierno” a uno de “Morena-Gobierno”.  Por eso, debemos tener muy en claro que con la llegada de AMLO al poder, la lucha no termina. Apenas empieza. El contragolpe de la derecha ya está en marcha, y solamente nosotros, unidos y organizados junto con el pueblo y con el nuevo gobierno democrático, podremos detenerlo.

También podría gustarte
Comentarios
Cargando...