Por: Xavier Gaona López.

La educación no consiste sólo en asistir a las mejores escuelas. Es una suma de factores que incluyen: la familia, el capital cultural[1], el contexto histórico y posiblemente el código genético. Si pensamos que el ser “bien educados” es trabajo prioritario de los profesores, me temo que incurrimos en un craso error.

Asimismo, la educación es un proceso de constante aprendizaje, que lejos de parecer una carga es y debería ser un proceso de crecimiento. Este desarrollo de la persona, no acepta la memorización de datos ni el demostrar altas calificaciones ni qué tan competente se es para cierta asignatura.

A lo largo de miles de años, el ser humano ha ido dejando su huella en este mundo a través de la cultura. En palabras de Zygmunt Bauman: el ser humano se sabe mortal, lo único que lo salva de este destino inevitable es la cultura. La cultura es la gran invención humana. La cultura es parte integral de la formación de cada individuo y, por lo tanto, todos tenemos derecho a ella. Por desgracia, debido a políticas económicas que mandan sobre las políticas educativas, la educación, en varios casos, se convierte en un lujo al que no todos podemos acceder.

En segundo término, los medios de información (radio, televisión y prensa) como parte de los Aparatos Ideológicos de Estado[2]se encargan de “aleccionar”, mas no de educar a la población. En consecuencia, este adoctrinamiento incluye la adoración de falsos ídolos: el dinero y el éxito material a cualquier costo. La influencia de las redes sociales, sobre todo en los más jóvenes, es, en la actualidad, uno de los medios que puede contribuir a subyugar o liberar de la enajenación que al Estado actual conviene.

Sin duda, durante periodos de sublevación históricos, algunos individuos se han caracterizado por mostrar el lado crítico de la sociedad donde se vive. En la Francia prerrevolucionaria, los enciclopedistas de mano de la burguesía; en los Estados Unidos independentistas y las logias masónicas; y en México los colegios jesuitas. Estos individuos, no sólo han sido formados en escuelas de prestigio académico, sino que, salvo algunas excepciones, han tenido ambientes propicios para desarrollar sus facultades como oradores, políticos, escritores y pensadores.

De acuerdo a una paráfrasis de Óscar Lewis, la cultura de la pobreza mantiene a los individuos en su contexto de indigencia, no sólo material sino social e intelectual. Los pobres no tienen memoria histórica y son incapaces de ver y pensar en otros pobres como ellos, en cualquier parte del mundo[3]. ¿Será entonces, que las familias de clase menos favorecida están predestinadas a permanecer en la estrechez educativa sin un final aparente? Mi respuesta, por solidaridad de clase y ser humano debería ser no. Nadie está predestinado a permanecer en la carencia perpetua, si existe de por medio un esfuerzo continuo, oportunidad de educarse y un ambiente favorable. Sin embargo, en la actualidad, esto no parece ser suficiente.

En estos tiempos posmodernos, como le llaman historiadores, sociólogos y filósofos; la garantía de una “buena formación académica” es, muchas veces, insuficiente para garantizar una vida digna donde puedan cubrirse las necesidades básicas de todo ser humano. Si se trata de la omnipresente lucha de clases sociales, podríamos terminar con citar a Karl Marx, pero me temo que existe algo más. Concierne al control total de los seres humanos, que no son propietarios de los medios de producción y mediatización. Incluye algo más que el poder económico. Es decir, el dominio ideológico, cultural y espiritual de más de seis mil millones de almas, por unas decenas o tal vez centenas de personas.

Finalmente, sin querer adquirir tintes apocalípticos, concierne a las familias, a los docentes, a los periodistas, a los líderes en redes sociales, a los estudiantes y a toda persona con un rasgo de humanidad el educar a las generaciones que pueblan nuestro planeta. De esta forma, podríamos hablar de una verdadera reforma educativa.

Referencias bibliográficas

Althusser, L. (2008). Ideología y aparatos ideológicos de Estado. México: Tomo.

Bourdieu, P. (2011). Capital cultural, escuela y espacio social. México: Siglo XXI.

Lewis, O. (1959). Five Families; Mexican Case Studies In The Culture Of Poverty. New York: Basic Books.

[1] Pierre Bordieu explica en su obra El capital cultural, que la escuela y la familia son parte esencial de la distribución del capital cultural. Asimismo, los capitales económico y cultural se relacionan.

[2] Althusser, L. 2008. Ideología y aparatos ideológicos de Estado. México: Tomo.

[3] Lewis, O. 1959. Five Families; Mexican Case Studies In The Culture Of Poverty. New York: Basic Books.

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