Por. Alberto Pérez Schoelly

Estamos viendo ahora que algunos personajes de diferentes círculos han manifestado su deseo de participar como candidatos independientes a la Presidencia de la República. Desde Jorge G. Castañeda, Pedro Ferriz, El Bronco y Fernández Noroña, hasta el más reciente Emilio Alvarez Icaza L. Como cuidadanos mexicanos, están en todo su derecho. Ahora la ley electoral posibilita que los ciudadanos puedan participar en contiendas electorales sin necesidad de que algún partido político los respalde. Las encuestas recientes ubican a los posibles candidatos ya mencionados (con la excepción de Alvarez Icaza, que todavía no se había manifestado) en alrededor de un 10% de la intención del voto para la Presidencia. En todos los escenarios que se han realizado (por encuestadoras pagadas por partidos, por la Cámara de Diputados, por la Presidencia de la República, por periódicos y páginas web) , el puntero es Andrés Manuel López Obrador.

Si bien la mula no era arisca y debemos de desconfiar de todo tipo de encuestas, creo que revelan de forma muy aproximada el estado de ánimo de la gente en todo el país. Basta con dialogar con la gente en la calle, con los vendedores ambulantes, con los taxistas, con los meseros, etc., para darse cuenta del hartazgo de la gente para con el sistema político y con el gobierno. El hartazgo, que en muchos casos ya es rabia y coraje, conlleva opiniones sumamente críticas contra el gobierno y los tres partidos hasta hoy mayoritarios (PRI, PAN, y PRD). En contraste, el apoyo hacia MORENA y AMLO es cada vez mayor. Incluso en zonas tradicionalmente de voto duro para esos partidos, como por ejemplo la Delegación Benito Juárez tradicionalmente panista, incluso ahí, la gente que hace todavía cinco años rechazaba recibir nuestra propaganda y denostaban a AMLO con los mismos argumentos falaces que promueve la mafia del poder, ahora está sumamente receptiva a nuestros argumentos y propuestas, e incluso desean ahora participar en los comités seccionales que estamos formalizando.

Por todo esto resulta sorprendente que una persona respetable, con una trayectoria impecable de honestidad y defensor de los derechos humanos como Emilio Alvarez Icaza L, claro opositor del gobierno en este tema, ahora decida lanzarse como candidato a la Presidencia de la República.Las razones que esgrime para hacerlo son muy claras: es necesaria, dice, una plataforma política que de forma destacada haga de la luche contra la corrupción su principal bandera y que también destaque el tema de los derechos humanos. En esto coincidimos todos. Pero, un momento : ¿no son éstas una parte de las propuestas que desde siempre ha impulsado MORENA? Por supuesto que sí. Y aquí es donde la cuestión se vuelve algo turbia.

Cuando se le pregunta a Emilio Alvarez Icaza L si su movimiento llamado AHORA tiene el objetivo de restarle votos a MORENA, contesta que ese no es su objetivo. Pero todos sabemos, y así lo han comentado los mejores analistas del país, que en efecto, de darse esta candidatura, efectivamente va a restarle algunos miles o quizá millones de votos a AMLO. Y más asombrosa es la otra respuesta que da cuando se le inquiere por la razón de ser de su movimiento. Dice que porque ellos se están constituyendo como el vehículo de los ciudadanos que no se sienten representados por el sistema de partidos. La partidocracia no los convence. En síntesis, “AMLO y MORENA no nos representan, por su verticalidad y autoritarismo”, entre otras cosas, asevera.

Son bienvenidas iniciativas como esta, integrada además por ciudadanos irreprochables como Sergio Aguayo, Javier Sicilia y el mismo Emilio Alvarez Icaza L. Lo que es difícil de entender es que ahora, dada la situación en que se encuentra el país, sean mezquinos en dar su apoyo a MORENA, que es la única fuerza opositora con capacidades reales de tomar el poder. Y no sólo eso, sino que en su programa ya delineado en los 50 puntos dados a conocer por AMLO en el pasado Congreso de MORENA, incluye de forma completa e incluyente los dos grandes temas que preocupan al movimiento AHORA: la corrupción y los derechos humanos. Hay una delgada línea que separa una iniciativa política honesta de una iniciativa política oportunista. Esa delgada línea la fija en gran medida la honestidad intelectual. Y Emilio, en estos dos últimos puntos, solo demuestra que hay algo turbio.

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