Cerramos este terrible año con la banalidad mediática de los Quince años de Rubí para no ver cómo se deconstruye PEMEX. Parece que no hay conciencia en la clase política de la gravedad de la crisis que, será notoria en enero por efecto de la inflación provocada por los gasolinazos y a partir del veinte de ese mes por la toma de posesión del racista empresarial que ganó la presidencia de E.U.

Dejamos un año de complacencia para quienes lo vislumbraron como futuro halagüeño sin hacer nada por lograrlo, lo cierto es que en 2016 se nos acabó el modelo de desarrollo ahora amenazado después de 25 años de exportaciones, ensambladoras y maquilas con mano de obra baratísima, además de remesas hoy en riesgo. No hay plan alternativo. Los políticos no gobiernan para los mexicanos.

El Estado está capturado y debilitado por las inercias privatizadoras que han generado mega-desigualdad o al revés, una concentración de riqueza impresionante ahora bajo  la modalidad de licitaciones de dudosa transparencia. En la realidad el pueblo ficticio de Comala de Rulfo es ahora México entero.

Lo que sí tienen los políticos y empresarios es una terrible necesidad de judicializar la protesta, de formalizar un gobierno represor a modo de callarnos y someternos como sucede en los; asaltos, secuestros y homicidios dolosos. ¿Cómo llegamos a tal grado? La respuesta es que se fue fraguando a través de; corrupción, soborno, tráfico de influencias y  pasividad político-social.

Para ello, en enero también, se hará la discusión legislativa en mesas de trabajo para justificar la presencia de los militares en la calle. Viviremos en perpetuo Estado de Excepción como sucede en Israel y Siria. El actual gobierno igual que del sexenio anterior no hará nada por modificar el sistema de impartición de justicia, ni buscará mecanismos para frenar la injusticia.

Dirán que ¡ya no les da tiempo¡ Es más fácil mantener el poder con la protección de una bayoneta que disgustarse con la oligarquía saturada de privilegios. Para dispensarse moralmente por el daño que nos provocaron, pensarán con humor que el país ha logrado un nivel de desarrollo tan notable que no hay pobres que proteger. Los tecnoideólogos dirán que el Estado sólo debe ser regulador de las fuerzas del mercado. Con lo que se deteriorará más la vida institucional y la de los mexicanos.

Grandes desafíos de sobrevivencia nos esperan mientras tanto pasemos la página a un año que cobró vidas como pocos. Recordemos las pérdidas mediatizadas, las más olvidadas y las más entrañables en palabras de Rodolfo Stavenhagen que también nos dejó en este 2016: “No es posible negar el carácter crítico del pensamiento generado por las disciplinas políticas, económicas y sociales sobre la integración nacional” pensamiento carente en  autoridades y gobierno.

Comentarios