La Fiscalía de Morelos anuncia la detención de cinco implicados en el asesinato de los menores.

Cuatro estudiantes de bachillerato del Estado de Morelos —a una hora de la capital de México— salieron de fiesta el Día de Muertos para celebrar el cumpleaños de uno de ellos. Ninguno regresó. Los cuerpos de Alejandro Medina, Alberto Emiliano Sánchez, Melesio Pizaña y Francisco Emiliano Carmona aparecieron degollados en un punto medio de su trayecto a casa. Un choque imprevisto con otro vehículo desató la ira de cinco individuos que decidieron emprender una cacería contra ellos. La lógica de la ultraviolencia hizo el resto.

La Fiscalía estatal ha anunciado la detención de cinco de los implicados en el brutal asesinato de los menores de edad, que ha desatado estos días la indignación de los pueblos vecinos a Jojutla (en el sur de la entidad), de donde provenían los cuatro amigos. La posibilidad de que detrás de los hechos se ocultara el crimen organizado ha unido a familias, asociaciones civiles y la propia institución donde estudiaban, la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, para luchar por la seguridad de los jóvenes. Las autoridades lo negaron desde un principio: “No existen indicios de que haya participado la delincuencia organizada porque no fueron ejecutados con armas de fuego”, señaló el fiscal general de Morelos, Javier Pérez Durón. Una explicación que no ha convencido a los indignados.

La versión oficial insiste en que el asesinato fue provocado por una “riña” entre los dos grupos. Los estudiantes abandonaron el coche cuando chocaron con el vehículo de los sospechosos y la hermana de uno de ellos, considerada testigo presencial, declaró haberlos visto huir por las calles del pueblo mientras los perseguían a bordo de un Volkswagen Jetta. “Nadie que no tenga el amparo de un grupo criminal asesina de una manera tan brutal sólo por una riña”, apunta en una entrevista vía telefónica Jesús Alejandro Vera, rector de la Universidad de Morelos, a la que pertenecía el instituto de los jóvenes.

“Lo peor es que no es el primer multihomicidio en esta región sur del Estado. Hace poco más de un año ocurrió una situación similar: mataron a dos estudiantes de una preparatoria de Tlaltizapán [un municipio vecino] y asesinaron a un profesor en su domicilio junto a toda su familia”, explica Vera. “Las familias viven con mucho miedo. Los chicos tienen cada vez más reservas para salir y frecuentar lugares públicos”, añade el rector.

Las víctimas han sido recordadas en varios homenajes como unos buenos estudiantes, de buenas calificaciones, aficionados al fútbol americano y amigos desde la cuna. Su asesinato ha puesto el foco de la escalada de violencia que vive el país —reconocida este lunes por el propio presidente de México— en una de las zonas rurales cercanas a la capital. Desde enero a septiembre de este año se han cometido más de 600 homicidios en un Estado de casi dos millones de habitantes; en 2015, las cifras oficiales registraron 469, casi cuatro veces más que hace 10 años.

Un centenar de amigos y conocidos de las víctimas asistieron a una misa en su honor la semana pasada, convertida en un acto de reivindicación contra la inseguridad. El poeta y activista Javier Sicilia hizo un llamamiento en los medios locales: “Este municipio es un bastión de la delincuencia organizada. Esta guerra absurda es contra los jóvenes. Tenemos que hacer algo”. La Universidad pide que las altas instancias federales se encarguen de la investigación y persecución de este tipo de crímenes.

Fuente: http://internacional.elpais.com/

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