Ha habido mucho revuelo por una iniciativa ciudadana que promueve que se legisle para que los servidores públicos y los candidatos a cargos de elección popular, cubran ineludiblemente con “3 de 3”, esto es, que para ocupar cualesquiera de esos puestos o cargos, demuestren fehacientemente, mostrando su declaración patrimonial, su declaración fiscal y su declaración de conflicto de intereses, de tal suerte que con eso estemos confiados que no han sido corruptos y que se cumplen con todas las leyes.

A priori, todos podríamos decir que estamos de acuerdo en que se establezcan este tipo de filtros para que los ciudadanos vigilemos -al menos de manera indirecta- que nuestros servidores públicos o legisladores cumplen con la ley y que son transparentes al máximo. Pero analicemos el tema más de cerca.

La corrupción, ese cáncer que flagela a México, en lugar de disminuir se ha acrecentado. Eso no es un misterio para nadie. La organización Transparencia Internacional hace mediciones año tras año de la percepción en la gente de la corrupción de su gobierno, en muchos países del mundo. En la página siguiente: http://www.datosmacro.com/estado/indice-percepcion-corrupcion?anio=2014, es posible apreciar cómo México estaba en el ranking 32 en el año 1995 y para el año 2014 se encuentra en el lugar 103. Es decir, la gente en México percibe ahora que su gobierno es sumamente corrupto, en grados similares a algunos países africanos.

Desde el sexenio de Miguel de la Madrid ya se hablaba de que era necesaria una “renovación moral de la sociedad”; incluso en su gobierno se creó la Secretaría de la Contraloría General de la Federación, antecesora de la hoy inútil Secretaría de la Función Pública. Hoy, Peña Nieto se regodea hablando de su “Sistema Nacional Anticorrupción”. Así tal cual, no se ría.  Del mismísimo dueño de la Casa Blanca.  Si no fuera un caso emblemático de la corrupción del gobierno peñanietista, movería a risa. Pero bueno, dejemos ese tema para otra nota más adelante. Lo que deseo resaltar en este momento, es: siempre, desde el gobierno, se han promovido este tipo de instituciones, de leyes y más leyes, para luchar supuestamente contra la corrupción.  Tenemos una Ley Federal de Servidores Públicos, en el Congreso contamos con la Auditoría Superior de la Federación (copiando lo que es la General Accounting Office del Congreso de EU, pero sin dientes) y Órganos Internos de Control en todas las dependencias. Sin embargo, la corrupción empeora año tras año, llega ahora a lugares donde antes no la había. El lugar común de comparar la corrupción con el cáncer, tiene bases sólidas.

¿Cuál es el principio de la propuesta Ley 3 de 3? Se trata de demostrar, ya sea que soy candidato a un cargo de elección popular o si vengo a ocupar un cargo público, que CUMPLO con la ley. Es decir, dado que todos los servidores públicos o legisladores son corruptos, porque así es la presunción de esta iniciativa de ley, yo estoy obligado a demostrar que, EN MI CASO, no es así, porque muestro mi declaración patrimonial, muestro que he pagado mis impuestos, y muestro que no tengo parientes con negocios que pudieran afectar mis futuras funciones.  Es decir, como algo excepcional, yo sí cumplo con la ley. Ya desde este aquí, todo tiene su origen en una percepción equivocada. Como presuponemos y pensamos que todos son corruptos, luego entonces pongamos un filtro para que se nos cuelen los que no sean corruptos, o al menos los que tengan la suficiente habilidad para presentarse como impolutos, aunque sean “sepulcros blanqueados”, recordando la acertada frase de Jesucristo, ya que escribo esto en Semana Santa.

Así de torcido es el origen de esta iniciativa de ley. Pero dejémoslo así, es un filtro que pretende que los que tengan algo que ocultar no lleguen.  Está bien como una buena intención de los promotores de esta iniciativa. Suponiendo sin conceder, como dicen los abogados, que esto llegara a funcionar -que lo dudo mucho- , es bastante ingenuo, para decir lo menos, que una vez en el cargo o función, estos personajes que cubrieron satisfactoriamente los requisitos de la ley “3 de 3” se comporten como lo que presumen ser. Una vez que dejen el cargo o función, si la ley “3 de 3” se los exige, tendrán que mostrar nuevamente que han cumplido con sus tres declaraciones. ¿Qué sucederá cuando uno de estos servidores públicos caiga en casos de corrupción públicos y evidentes? ¿O bien cuando deje el cargo o puesto sin entregar sus “3 de 3”?

Tampoco hay que devanarse los sesos para conocer la respuesta. No pasará absolutamente nada. Tenemos los casos de Moreira, de los dos gobernadores Duarte, para poner solamente tres ejemplos, de que el cáncer de la corrupción en México trae aparejado otra enfermedad igualmente perniciosa: la IMPUNIDAD. Cuando están de por medio intereses de millones de dólares, la impunidad se fortalece. Cuando son allegados a la clase política actualmente en el poder, la impunidad es más fuerte que nunca. Así que aunque se promuevan otras leyes, “50 de 50”, “100 de 100” o lo que se les ocurra, las cosas seguirán igual, porque a nadie se le castiga en este país, a pesar de su evidente corrupción. Empezando por el Presidente Peña Nieto. Y de ahí para abajo.

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